
Morderse las uñas es de todos los hábitos nerviosos el más común y el que probablemente acompañara durante un largo periodo de su vida.
- Intervención:
El primer paso es enseñar al niño/a una respuesta relajante, que se centre en los dedos y en la boca.
Es importante que el niño/a sea consiente de los aspectos negativos de la acción de morderse las uñas; utilizar comparaciones, con las manos de otras personas que no tienen ese hábito y que sea consciente de su aspecto. Una analizada esta actividad anímele a ser consciente de cuando y donde lo hace.
Cuando ya sea consciente de su hábito proponerle una alternativa, como una pelota o plastilina, y anímele a que juegue con el cuándo tenga ganas de morderse las uñas.
Evitar las situaciones que se asocien a este hábito.
Reforzar y motivar, con elogios y mediante motivaciones positivas.
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Respuesta relajante De las manos, tensar las manos cerrando el puño y manteniéndolo cerrado contando hasta quince y después soltar la mano. De la boca y mandíbula, diciéndole que apriete los labios, los dientes y sonría. Mientras respira profundamente y abriendo la boca poco a poco |
Estirarse del pelo. Los niños/as activos encuentran en el pelo un lugar donde descargar su exceso de energía, tirando de él, enrollándolo con el dedo o rascándose el cuero cabelludo. Este comportamiento debe ser detenido de inmediato.
- Intervención:
Consultar con el médico.
Enseñar técnicas de relajación. Aunque esta técnica no siempre resulta útil para disminuir el hábito.
Desarrollar la autoconciencia, es posible que el niño/a no sea consciente de lo que está haciendo, por ello se le debe enseñar a ser consciente de sus actos como también de los movimientos implicados en ellos.
Mantener al niño/a ocupado e ir introduciendo nuevas actividades.
Elogiar y recompensar.
Hurgarse en la nariz comienza con una solución inocente pero eficaz a problemas obvios. Para ayudar a tu hijo a abandonar esta fea costumbre, no le regañes ni le ridiculices, porque es contraproducente. Lo mejor es que intentes averiguar la causa que le lleva a poner en práctica este mal hábito y que cuando la descubras, actúes en consecuencia.
- Intervención:
Fomentar la conciencia del hábito, ya que el niño/a piensa que se trata de un comportamiento natural. Haga que se observe así mismo mientras que le dice que es un hábito desagradable.
Ofrecer alternativas, enseñarle a sonarse la nariz con pañuelos de colores para se anime a practicar.
Identificar momentos y lugares donde se hurga la nariz.
Utilizar recompensas y elogios explicándole lo orgulloso que está de su nuevo comportamiento.
Escupir, pegar y morder son comportamientos inmaduros que practican algunos niños/as como respuesta a las frustraciones o la excitación. Hay que detectarlos antes de que se descontrolen.
- Intervención:
Controlar las primeras veces, explicándole con claridad que ese tipo de comportamiento no es aceptable. Asegurándose que sepa cuál será la consecuencia si continua con esa actitud.
Enseñar comportamientos alternativos para sustituir bofetones o mordiscos identificando anteriormente los momentos en los que se produce.
Utilizar medidas preventivas estableciendo límites y reglas simples. Cuando estas no sean suficientes eliminar las situaciones que incitas esta actitud, o utilizando lo sobre corrección, remediando lo que el niño/a ha hecho mal.
Formación de autocontrol, imitando situaciones reales para que aprenda un comportamiento adecuado, y elogiarle y recompensarle cuando se detenga.
Buscar ayuda profesional en caso de que el niño/a muerda con fuerza y con persistencia.
